Tour por el Salar de Uyuni y Eduardo Avaroa: qué ver y hacer

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Tour por el Salar de Uyuni y Eduardo Avaroa: qué ver y hacer

A medida que mis planes para visitar Atacama empezaban a tomar forma, busqué en el mapa la localización exacta del salar de Uyuni con la intención de enlazar ambas expediciones. Hacía mucho tiempo que este lugar se había convertido en un destino que llamaba enormemente mi atención, así que tras algunos cálculos pude constatar que cerca, lo que se dice cerca, no es que estuvieran, pero tampoco lo suficientemente lejos para hacerme desistir. Así fue cómo gracias a un tour de cuatro días que partía de Atacama pudimos adentrarnos en los increíbles paisajes del sur de Bolivia, pasando por la Reserva Nacional de Eduardo Avaroa y llegando hasta el mayor desierto de sal del mundo, el salar de Uyuni.

 

Cómo llegar hasta el Salar de Uyuni

 

El acceso a Eduardo Avaroa está restringido a empresas turísticas acreditadas, por lo que la única forma de conocerlo es contratar un tour con alguna de estas compañías. Los vehículos parten de San Pedro o la ciudad de Uyuni, por lo que es necesario desplazarse hasta una de ellas y elegir entre una de las opciones que ofertan. Nosotros lo hicimos con la misma empresa con la que conocimos Atacama, Sol Andino Expediciones.

El viaje se hace en un 4×4 ya que las carreteras son caminos de tierra con escasas indicaciones, poco más que los surcos dejados por los propios coches. El precio ronda los 140.000 pesos si contratas el tour por separado. Este incluye el transporte, el hospedaje y la alimentación a cargo del conductor. En el coche caben seis personas por lo que si no sois un grupo de seis, compartiréis con otros viajeros. Nosotros éramos tres así que viajamos con otros tres chicos de Israel. En cuanto a las pertenencias, lo mejor es intentar llevar lo menos posible, eso sí, no escatiméis en agua. Las mochilas se cargan en la baca del coche.

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Reserva Nacional de Eduardo Avaroa

 

Tras atravesar el paso fronterizo de Hito Cajón a 4.480 metros y pasar un fresco considerable, nos adentramos en Bolivia, concretamente en la Reserva de Eduardo Avaroa.

El recorrido a través de esta reserva fue una auténtica maravilla. Veníamos de atravesar paisajes algo similares en Atacama y había visto fotos de lugares como la Laguna Verde, así que mis expectativas eran bastante mesuradas. ¡Ingenua de mí! Las vistas que ofrece la reserva son como un hechizo: lagunas de colores, desiertos infinitos, caprichosas formaciones rocosas, volcanes, géiseres, piscinas termales… También su fauna: flamencos, pequeños zorros, vicuñas… que se dejan ver desde unos pocos metros.

El tour a Uyuni no incluye la entrada a Eduardo Avaroa, de 150 pesos bolivianos, por lo que se recomienda cambiar antes 300 como mínimo. Algunos más, si tenéis pensado comprar recuerdos. Conservad bien la entrada durante todo el viaje ya que la piden en varios puestos de control que se realizan. Me habría gustado que la visita tuviera un poco más de caminatas y no tanto 4×4, –teniendo en cuenta que no es la mejor forma de viajar respetando el entorno–. Pero, por ahora es la única opción posible que ofrecen.

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Al igual que en Atacama, deberás luchar contra el mal de altura puesto que la reserva se sitúa a gran altitud, llegando a alcanzar los 5.000 metros. Verás que es muy normal que la gente autóctona no pare de mascar hojas de coca y tomar té de esta hierba. De hecho te lo ofrecerán asiduamente y viene bastante bien. Come ligero, bebe mucha agua y no hagas esfuerzos innecesarios. La altura es aún más complicada cuando tienes que pasar la noche en los refugios. Antes del viaje tenía mucho miedo con esto. La verdad es que la sensación no es muy agradable y sientes que te cuesta un poco respirar y conciliar el sueño. En mi caso me recetaron unas pastillas para paliar los síntomas que me ayudaron a relajarme y a no sentirme mal.

También debes tener en cuenta el frío. De mayo a noviembre son los meses con temperaturas más bajas. Durante la noche pueden bajar hasta los 15 grados bajo cero. Los vientos son bastante fuertes también a lo largo de todo el año. Por lo que es importante ir bien abrigados. Nosotros fuimos en mayo y ya hacía un frío considerable.

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Las principales paradas del tour de Uyuni 

 

Laguna blanca

 

Tras entrar en el parque se accede a una de las muchas lagunas que hay en la reserva. El color blanco se debe al alto contenido de minerales de sus aguas. El contraste con la montaña y los flamencos que se pasean por ella es simplemente espectacular.

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Laguna verde

 

A los pies del imponente volcán Licancabur se encuentra una laguna esmeralda de una belleza excepcional. La coloración se debe a minerales de magnesio, carbonato de calcio, plomo y arsénico, por lo que es muy tóxica.

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Desierto Salvador Dalí

 

A 4.750 metros encontramos un conjunto de rocas volcánicas ubicadas en un extenso desierto de tonos rojizos. La imagen recuerda a los cuadros surrealistas pintados por Dalí y de ahí su sobrenombre.

 

Termas de Polques

 

Una parada para aquellos que quieran darse un baño en las aguas que emergen en la Laguna Salada a unos 30-35 grados. Para acceder hay que adquirir una entrada de 6 pesos bolivianos que no se incluye en el tour. Lo mejor es el increíble paisaje que lo rodea. Cuando fuimos hacía bastante frío y viento, por lo que preferimos no darnos el baño.

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Géiseres del Sol de Mañana

 

Se trata del punto más alto que se atraviesa en la ruta, a 4.850 metros, y eso se nota bastante. La intensa actividad volcánica de la zona es la causante de una serie de cráteres y fumarolas en las que se puede observar hasta la lava hirviendo intensamente, así como géiseres que emiten vapores con alturas que alcanzan hasta los 50 metros. El olor sulfuroso es un tanto desagradable.

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Laguna Colorada

 

En mi opinión, la laguna que más sorprende en el recorrido hasta el salar de Uyuni debido a su intenso color rojizo y a la cantidad de flamencos que la habitan. Además, es muy extensa, con unos 54 km cuadrados. La coloración de sus aguas se debe a los sedimentos y los pigmentos de algunas algas que habitan en ella. Es un lugar de cría para los flamencos andinos. Puedes bajar al borde de la orilla y contemplarlos de cerca, observando como su color casi se mimetiza con el de la laguna.

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Desierto Silolu, Árbol de piedra

 

No entendimos muy bien que pasó en la ruta para que no pudiéramos verlo, así que sed persistentes si estáis interesados. Se trata de una escultura natural formada por la erosión del viento que recuerda a un árbol casi perfecto. Tiene una altura de 5 metros.

Laguna Hedionda

 

Otra laguna altoandina, ubicada a 4.500 metros de altura y rodeada de altos picos nevados. Y os preguntaréis, ¿por qué este nombre? Pues, porque su olor a azufre es un tanto desagradable.

Valle de Rocas

 

Un desierto formado por enormes rocas rojizas con caprichosas formas pulidas por la erosión del viento. Tras continuar con la visita, se toma el almuerzo en un valle con unas vistas inmejorables, donde las aguas estancadas contrastan con las impresionantes formaciones rocosas.

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Salar de Uyuni & Isla Incahuasi

 

La tercera noche la pasamos en un hotel hecho completamente de sal en mitad de la nada. Era sorprendente, todo estaba hecho con este material, desde las paredes, las camas, hasta las mesas. El plan incluía una cena reconfortante, una ducha helada (olvidaros de las comodidades) y algo de descanso antes de salir de madrugada hacia la Isla de Incahuasi para ver el amanecer.

Llegamos de noche junto con otros muchos 4×4 a esta isla, más conocida como Isla Pescado. Se trata de la más grande del conjunto de 32 islas que se encuentran en el salar. Está repleta de cactus gigantes y desde aquí las vistas del salar son impresionantes. Por un momento, parece que estás ante un mar blanco infinito. Nos sentamos a esperar los primeros rayos del sol y disfrutar de las diferentes tonalidades que el paisaje va adquiriendo. Antes de continuar nuestro recorrido por el salar, calentamos el cuerpo con un buen desayuno.

 

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La formación geológica del salar de Uyuni deriva de dos masas de agua convertidas en sal: el lago Minchín –de unos 36.000 kilómetros cuadrados–, y el lago Tauka. Tras miles de años, ambos cuerpos de agua se evaporaron debido a la falta de afluentes y al calor por la actividad volcánica, convirtiéndose el salar de Uyuni en el registro de su existencia.

Las características figuras hexagonales de la superficie se deben a la evaporación del agua de lluvia, que se queda acumulada entre las costras de sal y que intenta salir a la superficie creando fracturas con estas formas.

Es muy impresionante la sensación al recorrerlo, ya que solo se ve la inmensidad del blanco, nada de caminos, ni señales. La sal destroza los 4×4 –los únicos capaces de circular por allí– y el alto contenido del litio ­vuelve locos a los GPS y móviles. En muchas ocasiones me preguntaba cómo era posible que los conductores se guiaran. Se calcula que existen unos 100 millones de toneladas de litio bajo la superficie del salar, lo que hace que sea la reserva más grande del mundo. El litio se utiliza para la fabricación de baterías, la energía nuclear o los coches eléctricos, por lo que es muy codiciado por las economías del siglo XXI.

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El salar de Uyuni también es una fuente de recursos para los artesanos locales que pueden llegar a emplear hasta 5000 kilos de sal al día para consumo humano o la construcción de viviendas.

Una vez nos adentramos en pleno salar, el conductor nos dio bastante tiempo para que disfrutáramos del paisaje e hiciéramos las típicas fotos chorras jugando con la ausencia de perspectiva. En tiempo de lluvia (de diciembre a marzo), el salar se convierte en un gran espejo natural para observar uno de los cielos más estrellados y espectaculares con la Vía Láctea como protagonista. En nuestro caso, fuimos en la temporada seca por lo que no tuvimos la suerte de contemplarlo. Así tenemos una excusa para volver.

  

Monumento a las banderas 

 

La entrada al salar de Uyuni está custodiada por un conjunto de banderas de diferentes países agitadas sin pausa por el viento.  Muy cerca se encuentra el monumento hecho para el Rally Dakar.

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Pueblo Colchani

 

La parada para adquirir alguno de los obsequios típicos de la zona. Desde pequeñas artesanías hechas con sal hasta las coloridas llamas que veréis en cada rincón o los jerséis de alpaca. Si queréis comprar algo, os recomiendo que lo hagáis aquí ya que los precios son más baratos que en Uyuni, donde hay precios más turísticos. Todo está hecho del elemento cristalino, también el Palacio de Sal (considerado como el primer alojamiento de sal en el mundo).

Cementerio de Trenes

 

En medio de la nada y a unos 2 km de la ciudad de Uyuni se encuentran estos restos de maquinaria que datan de finales del siglo XIX. Es curioso verlo de cerca, pero también hay que decir que el entorno está un poco descuidado, con mucha basura.

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Uyuni

 

El punto final del tour para nosotros y para otros el de inicio. La ciudad que da la entrada al salar se encuentra a 3.660 metros de altura y es considerada como la urbe más importante del Sudoeste boliviano. Los expertos vaticinan que la constante expansión del desierto pone en peligro al pueblo de Uyuni, pues en algún momento quedará enterrado bajo la sal.

A nuestra llegada comimos y paseamos por las callejuelas repletas de puestos callejeros. Una vez allí, llegamos hasta la oficina de la empresa de nuestro tour para montarnos en el coche que nos llevaría de vuelta a Atacama. En el recorrido se hace noche en otro refugio y se parte temprano para llegar a San Pedro sobre el medio día.

El viaje al salar de Uyuni fue una experiencia inolvidable, no solo por los espectaculares paisajes, también por la oportunidad de compartir el recorrido con otros viajeros, con personas autóctonas, y por tanto con otras formas de ver y comprender el mundo.

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